"La Bioética juega un rol fundamental en la sociedad de hoy día".

"En la actualidad se respeta la voluntad del enfermo aunque los casos críticos resultan cada vez más complicados".

"El grado de capacidad de un enfermo para decidir está relacionado con la dificultad de su decisión".

"Ninguna sociedad está preparada, pero todas deberán afrontar la eutanasia tarde o temprano".


James Drane  

En el marco de una serie de jornadas previstas para 2006, la Fundació Víctor Grifols i Lucas organizó el pasado 26 de mayo un seminario titulado Aproximación al problema de la competencia del enfermo cuyo objetivo fue analizar el problema de la  capacidad del paciente para poder valorar adecuadamente su consentimiento informado y voluntario.

Entre los asistentes se encontraba James Drane, experto estadounidense de 76 años considerado como uno de los padres de la Bioética. Desde los años 60, este profesor de la Universidad Edinboro de Pennsylvania ha contribuido enormemente a la evolución de esta ciencia. Drane desarrolló parte de su formación en Madrid y sigue conservando  un castellano de alto nivel. Su visita resultó una ocasión inmejorable para entrevistarle y  profundizar en el interesante mundo de la Bioética y la competencia del enfermo.

- ¿Qué es y cómo nace la Bioética?

La Bioética es el concepto que se utiliza actualmente para dar nombre a la ética médica contemporánea. Desde sus inicios, la medicina siempre ha estado ligada a valores morales pero fue tras la Segunda Guerra Mundial cuando el término “Bioética” empezó a cobrar importancia. Finalizado el conflicto, el desarrollo tecnológico permitió a los médicos utilizar nuevas técnicas que dieron vida a nuevos problemas éticos. En los años 60, diversos profesionales estadounidenses sintieron la necesidad de organizarse para tratar las cuestiones morales y crearon el primer instituto de Bioética.

- ¿Cuál es el papel actual de la Bioética?

La Bioética juega un rol fundamental en la sociedad de hoy día en que la principal preocupación de las personas es la salud y la industria farmacéutica tiene gran relevancia. Todos tenemos en mente el caso de Jorge León (un hombre vallisoletano que sufría pentaplejia y murió recientemente. Tras varios años en esa situación, fue encontrado una mañana desconectado de la máquina que le mantenía con vida y con un vaso de sedante al lado).  Casos como el de este hombre suscitan el interés de la sociedad porque puede pasarle a cualquiera.

- ¿Cree que en la actualidad se respeta la voluntad del enfermo?

Creo que sí, aunque los casos críticos resultan cada vez más complicados. En Estados Unidos vivimos el año pasado el caso de Terry Schiavo, una mujer de 41 años que llevaba 15 en situación de coma vegetativo. Se produjo un enfrentamiento entre su marido, partidario de desconectar la máquina que la mantenía con vida, y los padres de ella, que lucharon para que no falleciese. Finalmente la justicia dio la razón al marido. Ella no tenía capacidad de decisión y llevaron el caso a la justicia, en lugar de consultar con expertos en bioética y llegar a un acuerdo dentro del contexto médico/privado.

- ¿Dónde está la barrera que determina si un paciente está capacitado para decidir sobre su situación?

Es difícil definirla y a la hora de evaluar un caso hay que ser muy cauto. En cualquier caso, creo que el grado de capacidad de un enfermo está relacionado con la dificultad de su decisión. Cuanto más peligrosa sea, más criterios deberá aplicar el médico para evaluar su capacidad. Asimismo, tendrá que tener en cuenta las distintas situaciones emocionales que afectan al paciente en el momento de tomar la decisión médica.   

- ¿Cree que el enfermo dispone de la información necesaria para evaluar los riesgos de su decisión?

Esa es la tarea del médico. El profesional de la medicina está en la obligación de proteger e informar al enfermo sobre las consecuencias de su decisión.

- En su opinión, ¿qué actitud debe tomar un profesional cuando un paciente muestra una voluntad desaconsejable médicamente?

Pongámonos en un caso concreto: un joven veinteañero y deportista que sufre un accidente y se le debe amputar un pie para vivir. Imaginemos que se niega a tal amputación. Legalmente está autorizado para decidir sobre su situación, pero en el momento de decidir está deprimido y rechaza el diálogo. Médicamente el joven deja de ser competente por deficiencias intelectuales y emocionales. Ante esta situación el doctor debería consultar con la familia y si es necesario con un comité de expertos, pero su obligación principal es salvar la vida de su paciente.

- ¿Qué papel desempeña la familia durante la toma de decisión del paciente?

El rol de la familia depende en buena medida del entorno cultural de cada sociedad. En las culturas occidentales hay tendencia al individualismo, por lo que en estas situaciones se suele respetar la voluntad del paciente. En otras sociedades la familia tiene mucho peso influyendo enormemente en la toma de decisiones del enfermo.

- El Gobierno central no cree necesario debatir  la eutanasia y prefiere centrar la discusión en torno a la calidad y accesibilidad de los cuidados paliativos. ¿A qué cree que se debe?

Históricamente las sociedades eran muy homogéneas pero en la actualidad cada vez hay más heterogeneidad cultural y es difícil que todos estén de acuerdo. Quizá por ello hay países como España, con gran diversidad cultural, que prefieren enfocar el problema desde un punto de vista tradicional: la mejora de los cuidados paliativos. No obstante, siempre es necesario establecer límites legales a la eutanasia si la mayoría escoge esta opción.

- Si se creara una ley para regular la eutanasia, ¿piensa que la sociedad catalana y la española están preparadas para hacer uso de este “supuesto derecho”?

Ninguna sociedad está preparada pero todas deberán afrontar la cuestión tarde o temprano. La eutanasia es un tema complejo que además tiene una importante repercusión social. La situación es complicada en la mayoría de países y Cataluña y España no son una excepción dado que la sociedad tiende a dividirse ante una cuestión como la eutanasia.

Tras más de medio siglo de profesión, Drane ha decidido retirarse y según sus propias palabras no le resulta fácil. Uno de sus últimos legados antes del retiro ha sido la creación de un Instituto de Bioética en la Universidad Edinboro de Pennsylvania para que jóvenes latinoamericanos puedan estudiar esta ciencia.