Anne Davis

Eusébio Macete

"El consentimiento informado otorga al paciente el derecho de estar debidamente informado de su situación".

"Lo más importante es que el paciente entienda las explicaciones de su médico, quien debe detallarle los riesgos de las decisiones que pueda tomar cerciorándose de que lo ha comprendido".

"El médico sugiere, nunca toma la decisión por el paciente".

Anne Davis  

¿Qué es el consentimiento informado?
Es un principio ético y jurídico que afecta a  la relación médico-paciente y que otorga a este último el derecho a estar debidamente informado de su situación. El médico debe informar del estado y de las distintas alternativas de tratamiento para que el paciente pueda tomar decisiones. Este principio también se aplica a la investigación y es la autorización que todo investigador debe recibir de un paciente antes de implicarle en un estudio.

¿Cómo se puede aplicar un mismo principio a dos vertientes de la medicina tan alejadas como son la toma de decisiones y la participación en una investigación?
A pesar de que son dos situaciones distintas sólo se diferencian en las circunstancias. Dado que los principios que las mueven son los mismos se puede aplicar el concepto en ambos supuestos.

¿El consentimiento informado se firma o existe el oral?
Existen los dos tipos, el escrito y el oral aunque su utilización depende de la cultura. En el caso de Estados Unidos se requieren los dos. Pero más allá de estos formalismos, de si se firma un papel o no, lo más importante es que el paciente entienda las explicaciones de su médico, quien debe detallarle los riesgos que conlleva cada una de las decisiones que pueda tomar sin dejar de cerciorarse de que el enfermo lo ha comprendido.

¿Qué criterios se utilizan para decidir si una persona es competente para tomar decisiones?
La competencia es un término legal y psiquiátrico que se entiende como la capacidad de comprensión y de toma de decisiones que tiene un paciente. A veces los enfermos padecen senilidad ocasional y para el médico resulta muy difícil valorar su grado de competencia. Normalmente, los menores de edad quedan excluidos de la toma de decisiones aunque en ocasiones se aplica el principio de asentimiento a los niños mayores de ocho años. Se considera que a partir de esa edad están capacitados para diferenciar entre el bien y el mal conque a veces participan en el proceso sin tomar la decisión final.

¿Cómo debe actuar un médico ante unos padres que no se ponen de acuerdo sobre una decisión que afecta a su hijo?
El médico sugiere, nunca toma la decisión. Hace unos años vivimos en Estados Unidos el caso de un niño enfermo terminal cuyos padres estaban separados. Vivía con su madre y  al parecer su padre se había desentendido de él en los últimos años. Cuando ingresó en el hospital en estado terminal, el padre pidió que hicieran todo lo posible para mantenerlo con vida. La situación era irreversible y, teniendo en cuenta que el tratamiento iba a resultar muy doloroso, la madre quería que su hijo no sufriera. Ante esta situación, el comité de ética clínica del hospital consideró adecuado dar la razón a la madre.

¿Qué sucede si un paciente opta por un tratamiento médicamente desaconsejable?
El paciente suele ser lo suficientemente inteligente para saber que debe escoger lo mejor. El médico de una amiga mía diagnosticada de cáncer le planteó tres alternativas de las cuales la más aconsejable era acudir tres veces por semana al hospital para tratarse. La mujer llegó a la conclusión de que perdería calidad de vida y optó por ser intervenida. Ha pasado el tiempo y  ahora se encuentra en perfecto estado. La relación de tú a tú que tuvo con su médico resultó clave para que pudiera decidir el tratamiento.

El caso de Terry Schiavo, una mujer con 15 años en coma vegetativo, es un buen ejemplo de paciente incapaz de decidir por sí mismo. Ante el conflicto de intereses entre sus padres y su marido intervino la justicia que dio la razón al cónyuge y a su decisión de desconectar la máquina que la mantenía con vida. ¿Qué opinión tiene del caso?
Creo que se optó por la decisión más adecuada. En casos así hay que tener en cuenta dos aspectos: la competencia del paciente que en este caso no lo era y si se prevé una mejoría futura;  su estado era irreversible. El tema se politizó hasta convertirse en una cuestión de estado. En mi opinión, alguien debería haber explicado a los padres de Terry la situación médica de su hija y hacerles ver que no había esperanzas de mejora. Nadie les ayudó a sobrellevar el problema. Tampoco hay que olvidar lo caro que resulta mantener con vida a una persona en coma vegetativo irreversible, especialmente cuando en Estados Unidos millones de habitantes no tienen acceso a la al sistema sanitario.

¿Cree que esta decisión debería haberse tomado en un contexto médico, es decir, por un comité de ética?
Hubieron muchos intereses de por medio. El Gobierno, la oposición y algunos lobbies politizaron un tema en el que no se hubieran debido entrometer. Visto lo sucedido habría sido partidaria de que la decisión no la tomara la justicia sino un comité de ética formado por profesionales de distintas disciplinas, medicina, filosofía... para disponer de más puntos de vista.

Usted ha desempeñado su profesión entre Estados Unidos y Asia. ¿Qué diferencias observa entre los pacientes de ambos países?
Ambas sociedades son radicalmente opuestas. En la cultura angloamericana la bioética se basa en los valores individuales y existe un conflicto de intereses entre el bien del individuo y el bien del colectivo aunque en ocasiones resulta positivo. En Asia y especialmente en Japón, no hay esta dualidad porque lo único importante es el grupo representado normalmente por la familia. Allí son tremendamente leales al colectivo y acatan la decisión del grupo porque están convencidos de que beneficiará a todos. Este principio de lealtad al colectivo está muy arraigado en la sociedad japonesa, no sólo en el ámbito médico sino también en el empresarial.