Desde sus inicios, la Fundación Grifols se ha esforzado en impulsar la reflexión ética en el ámbito cada vez más extenso de la protección de la salud, que incluye tanto los problemas más cotidianos que afectan a los derechos de las personas como las orientaciones posibles y reales de la investigación biomédica, sin abandonar otros temas relacionados con la calidad de vida en general como son el medioambiente o la protección de los animales. A pesar de que las grandes novedades científicas y técnicas son las que resultan más mediáticas y llamativas, es la relación clínica la que plantea interrogantes que, de hecho, reflejan más directamente las preocupaciones de las personas. Lo demuestra la misma trayectoria de las actividades de la Fundación que, aunque es cierto que también ha hecho incursiones en casi cualquier ámbito de interés bioético, encuentra en la denominada ética clínica el campo de trabajo que suscita un mayor número de propuestas y una mejor acogida.

Prueba de ello son tanto los premios y las becas otorgadas en el año 2006, como las jornadas organizadas por la propia Fundación. Temas como la competencia del enfermo –menor o adulto-, el consentimiento informado, las voluntades anticipadas, el ingreso en las UVI, demuestran que vivimos en un mundo cuya complejidad es inalcanzable por la normativa jurídica por un lado y las ciencias empíricas por otro. Creo que es James Drane quien explica la existencia de la bioética como la necesidad de evitar que los problemas generados por la práctica de la medicina sean resueltos siempre y tan sólo por los jueces. La ética, como guía reguladora y como el conjunto de actitudes que es necesario que las personas vayan adquiriendo, tendría que ayudar a hacer una reflexión conjunta que situara cada problema en la dimensión más humana y más justa. Es porque esta convicción va extendiéndose y asumiéndose que cada vez tiene mayor relevancia el valor de la comunicación y de la información adaptada a cada paciente. Así se constató en la jornada “Aproximación a la competencia del enfermo”, pero también fue un tema central en la jornada: “Consentimiento informado y diversidad cultural”. Podríamos decir que, una vez aceptado el principio de autonomía del paciente, vemos la necesidad de ser flexibles y captar las peculiaridades para cada caso.

Nadie duda que hayamos entrado de lleno en la sociedad de la comunicación y de la información. Una prueba es la decisión de la Fundación de sustituir la clásica Memoria publicada en papel por este boletín electrónico mucho más adaptado a nuestro tiempo. Pues bien, el curso que la Fundación ha organizado otros años en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo con sede en Barcelona, estuvo dedicado en 2006 a “Los límites de la medicina virtual”. Internet es una fuente de información que puede ser de alta o ínfima calidad o absolutamente engañosa. Cuando se trata de la salud de las personas la que depende de este tipo de información, debemos estar alerta y prever todos los peligros y distorsiones. Sobre ello se reflexionó en este curso.

Además de las jornadas o seminarios abiertos al público, la Fundación pretende actuar a la manera de un think tank que elabore y presente puntos de vista determinados en relación a cuestiones que deberían de ser objeto de una deliberación pública tranquila, no condicionada por la espectacularidad y la inmediatez de los medios de comunicación y más allá de las posiciones partidistas. Este fue el objetivo del documento: Las prestaciones sanitarias privadas en el sistema sanitario público. Se trataba de abordar un problema existente y no resuelto por la legislación vigente. Que el tema es conflictivo y produce reacciones contrarias se demostró en los debates provocados por la publicación y en las dos presentaciones públicas que se hicieron del documento. El punto de vista expresado en el mismo no es tanto el de la Fundación como el de las personas que redactaron el texto. Un punto de vista hecho público con la intención de poner sobre la mesa, otra vez, un tema complejo, pero que es imperativo abordar.

El mes de febrero de 2006 nos sorprendió con la triste noticia de la muerte de Josep Egozcue, vicepresidente de la Fundación. La valía de su persona en todas sus vertientes quedó manifestada en el homenaje que la Fundación quiso dedicarle en el acto de entrega de los premios y las becas que se celebra cada año. En ese acto se anunció la creación de las Conferencias Josep Egozcue, con la voluntad de que sirvan para mantener la memoria del científico y entrañable amigo que nos dejó. Estas conferencias tendrán su primera edición el mes de octubre de 2007 contando con la presencia del profesor Daniel Callahan, uno de los pioneros de la bioética y fundador del prestigioso Hastings Center que ha servido de paradigma a muchas organizaciones que velan por el cumplimiento de las obligaciones éticas, como lo es nuestra Fundación.

Victoria Camps