Ethics, Climate Change, and Health
Josep Mª Jansà explores current ethical challenges and future perspectives
Introducción
El cambio climático y sus impactos son, sin duda, los principales desafíos globales para la salud pública en el siglo XXI. Informes sucesivos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) han confirmado que el calentamiento global es inequívoco y que su principal causa es la actividad humana. Sus efectos ya no forman parte de un escenario futuro, sino que se manifiestan cada vez más en la vida cotidiana de las personas y en el funcionamiento de los sistemas sociales, económicos y de salud.
Es bien sabido que las ciudades ocupan una posición central en este fenómeno. Por un lado, concentran la mayor parte de la población y las emisiones de gases de efecto invernadero y, por otro, son particularmente vulnerables a los impactos del cambio climático. Barcelona es un ejemplo paradigmático de esto. Su alta densidad urbana, la presencia del efecto isla de calor, el envejecimiento de la población, las desigualdades sociales existentes y su ubicación geográfica en la cuenca mediterránea hacen que los riesgos asociados al cambio climático adquieran una gran relevancia.
La región mediterránea es considerada uno de los principales puntos críticos climáticos del planeta. Las proyecciones indican un aumento de las temperaturas por encima de la media global, una reducción de la disponibilidad de agua, un incremento de episodios extremos y un impacto creciente en los ecosistemas. Estas transformaciones tienen consecuencias directas e indirectas en la salud y el bienestar de la población.
El cambio climático como determinante de la salud
Tradicionalmente, los efectos del cambio climático se han abordado desde una perspectiva medioambiental. Sin embargo, hoy sabemos que también es un determinante fundamental de la salud. El cambio climático afecta las condiciones medioambientales, sociales y económicas que hacen posible una vida saludable y modifica factores esenciales como la temperatura, la calidad del aire, la disponibilidad de agua, la producción de alimentos, los ecosistemas o las condiciones de vivienda.
Este enfoque permite comprender el cambio climático como un fenómeno profundamente vinculado a las desigualdades sociales. Las personas y grupos que menos contribuyen a las emisiones suelen ser también los más expuestos a sus efectos y tienen menos recursos para adaptarse a ellos. Por esta razón, las políticas climáticas deben incorporar necesariamente una perspectiva de justicia climática.
Vulnerabilidad e inequidades sociales ante la crisis climática
Uno de los aspectos más relevantes de la relación entre cambio climático y salud es la distribución desigual de sus impactos. La vulnerabilidad climática es el resultado de la combinación de exposición, sensibilidad y adaptabilidad.
Los barrios con menos zonas verdes, mayor densidad de edificios y una población mayor tienden a estar más expuestos a los efectos del calor. Al mismo tiempo, las personas con menos recursos económicos suelen vivir en viviendas con peores condiciones de aislamiento térmico y tienen más dificultades para acceder a los sistemas de refrigeración o para afrontar el aumento de los costes energéticos.
La edad es otro factor determinante. Las personas mayores tienen una menor capacidad fisiológica para adaptarse a temperaturas extremas y a menudo acumulan factores de vulnerabilidad social y sanitaria.
Estas desigualdades demuestran que la adaptación al cambio climático no es solo un problema medioambiental, sino también uno de equidad y cohesión social.
La dimensión ética de la crisis climática
Desafortunadamente, como en tantas otras áreas del mundo, las poblaciones que históricamente han contribuido menos a las emisiones de gases de efecto invernadero suelen ser aquellas que experimentan mayor vulnerabilidad a sus impactos. Esta paradoja pone de relieve la necesidad de incorporar el concepto de justicia climática en todas las políticas de mitigación y adaptación.
La justicia climática reconoce que la crisis climática no es solo un problema medioambiental, sino también una cuestión de derechos humanos, equidad y responsabilidad colectiva. La crisis climática también plantea la cuestión de la equidad intergeneracional, ya que obviamente las decisiones que tomemos hoy condicionarán las oportunidades de salud y bienestar de las generaciones futuras.
Desde esta perspectiva, la salud pública se convierte en un actor fundamental en la defensa de una transición ecológica justa, capaz de reducir emisiones y, al mismo tiempo, proteger a las personas más vulnerables.
Conclusiones
El calor extremo, la contaminación del aire, las alteraciones en la disponibilidad de agua, los riesgos emergentes asociados a vectores, la pobreza energética y los impactos en la salud mental son algunos de los principales desafíos identificados.
Sin embargo, la crisis climática ofrece una oportunidad única para transformar los modelos urbanos hacia caminos más saludables, sostenibles y equitativos. Las políticas climáticas son, al mismo tiempo, políticas de salud pública.
Josep M. Jansà, médico epidemiólogo, director de Vigilancia y Promoción de la Salud de la Agencia de Salud Pública de Barcelona.