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Ethics of information in times of pandemic

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Ethics of information in times of pandemic

With the contributions of Mònica Terribas, Milagros Pérez-Oliva and Antoni Trilla.

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Ethics of information in times of pandemic

25 May 2020

(content only available in Spanish)

El 21 de mayo celebramos un nuevo webinar dentro del ciclo que estamos organizando para tratar las implicaciones éticas vinculadas a la crisis del Covid-19. En este caso, la sesión estuvo dedicada a tratar el papel de los medios de comunicación y la información que ha llegado a la ciudadanía. El debate contó con la participación de profesionales como Antoni Trilla, Jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, ​​Mònica Terribas, directora y conductora de El Matí de Catalunya Radio y Milagros Pérez Oliva, miembro de la equipo editorial de El País.

Dr. Antoni Trilla: "La necesidad de consumo inmediato de información nos complica mucho la vida a los científicos, que estamos acostumbrados a tener mucho más tiempo para asentar nuestro conocimiento"

Trilla considera que lo que nos está pasando, "no es una enfermedad, es una pandemia que ha revolucionado el mundo, y que esta realidad también se ha trasladado al terreno de la información". La OMS afirmó que nos encontrábamos ante una infodemia, una epidemia de información. Desde el punto de vista científico hemos sufrido esta infodemia, que se ha visto afectada por la velocidad con la que se demanda conocimiento científico. "La necesidad de consumo inmediato de información nos complica mucho la vida a los científicos, que estamos acostumbrados a tener mucho más tiempo para asentar nuestro conocimiento", afirmó Trilla durante la sesión. Un buen ejemplo de ello son los artículos científicos. Habitualmente cuando se envía un artículo a una revista científica, antes de ser publicado pueden pasar varios meses, ya que son sometidos a revisiones profundas. Esto, en algunos casos, no ha pasado durante estas semanas, ya que se ha ido a mucha velocidad y sin tiempo de contrastar suficientemente determinadas investigaciones.

Por otra parte, se han gestionado a diario muchas informaciones no suficientemente sólidas, sesgadas o directamente que se podían considerar como fake news. La necesidad de encontrar rápidamente evidencias ha provocado que estas informaciones hayan tenido un cierto protagonismo. Los medios de comunicación juegan un papel fundamental en la difusión de la información ante la demanda de noticias por parte de la sociedad, pero ha faltado modulación para explicar determinadas cosas. Hay mucho espacio y tiempo dedicado a la epidemia, pero no hay tanta información "nueva" como para llenar todo lo que han demandado los medios de comunicación.

Según el Jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, ​​"todo esto debe enmarcarse en un contexto en el que hay que tener muy claro que hay una extraordinaria incertidumbre en todo lo que nos rodea". Todo el mundo pide certezas pero hay cosas que pueden tardar tiempo en saberse. La gestión de la pandemia está rodeaba de muchos grises y no a todo se puede responder con un sí o un no, y eso choca con la necesidad de la gente de tener respuestas claras. Por otra parte, otra factor que se hace difícil de manejar es que todo el volumen de información que se genera, a veces, se hace difícil procesarlo por parte de una gran parte de la sociedad, con lo cual, se puede llegar a generar desinformación.

Mònica Terribas: "En un momento como el actual los criterios para la captación de audiencia deben pasar a un nivel absolutamente secundario"

Para la periodista, "los medios de comunicación públicos deben cumplir diferentes funciones como la de promover la cohesión social, compartir todo lo que pasa en la sociedad, convertirse en un ágora pública o una herramienta de vigilancia del poder, sin olvidar una función más lúdica, la del entretenimiento". En condiciones normales estos parámetros son válidos, pero con una crisis como la actual una buena parte de estos planteamientos hay que cambiarlos.

Esta crisis obliga a los medios de comunicación a tomar todavía más conciencia de su responsabilidad. Se debe tener muy presente que en la producción de información se mezclan diferentes intereses. Por una parte, los que tienen que ver directamente con el ejercicio de la profesión con la credibilidad como bandera, pero también influyen intereses empresariales, de captación de oyentes... En un momento como el actual estos criterios debe pasar a un nivel absolutamente secundario, ya que es indispensable desinflamar la información de titulares estridentes y no suficientemente bien contrastados.

Los medios de comunicación no sólo han de retransmitir las comunicaciones oficiales, que evidentemente cumplen el papel de información de servicio que se debe poner al alcance de la ciudadanía, pero también es importante dar espacio a las variantes caleidoscópicas de la crisis. Terribas considera que, "es un virus que ha sorprendido a todo el mundo no sólo a los políticos, y eso no es fácil de gestionar". Se deben vigilar las contradicciones de los que mandan, pero con responsabilidad y siendo conscientes de que los que toman decisiones no pueden huir de una realidad en la que no existen certezas absolutas y sí dudas razonables respecto a todo lo que está generando la pandemia.

Uno de los problemas del periodismo, y en una crisis como ésta todavía se ha acentuado más, es la prisa, queremos ser los primeros en decirlo todo, y esto con información delicada puede terminar produciendo el efecto contrario, la desinformando, lo cual es terrible. La saturación informativa ha sido justificada ya que es un tema que afecta a toda la sociedad. El problema es que todo se focalice sobre el miedo, los datos o el pánico de colapso, ya que entonces se produce una desestabilización mental, y de lo que se trata es de intentar ordenar la realidad y también encontrar horizontes positivos.

En un estado de alarma la información y la libertad de expresión están muy protegidas por su función de servicio, pero se necesita por parte de los profesionales un alto nivel de ética y responsabilidad. En general, Terribas considera que, "el nivel de responsabilidad de los medios de comunicación ha sido alto".

Milagros Pérez Oliva: "Las autoridades, los medios de comunicación y virólogos han tenido que adaptar la información a un conocimiento que variaba semana a semana"

"Estamos viviendo una de las situaciones más difíciles de gestionar desde el punto de vista de la información", considera Milagros Pérez Oliva. El tratamiento informativo ha tenido dos fases. Una primera de negación y de prudencia, fundamentada con los criterios de los científicos, que creían mayoritariamente que la situación estaba bajo control. Esta manera de afrontar la situación estuvo condicionada posiblemente por dos factores: la experiencia previa en otras pandemias y los datos científicos de los que se disponía.

Los gobernantes, los científicos, los virólogos o periodistas subestimaron el virus, precisamente para combatir el alarmismo y las infodemies vividas en episodios anteriores. Dos buenos ejemplos fueron los de la gripe aviar y la nueva gripe. Estas epidemias crearon infodemia y espirales de alarmismo en los medios de comunicación y entre los responsables políticos. En Europa hubo una reacción desmedida y no proporcional, que hizo que algunos gobiernos compraran fármacos preventivamente que no tenían ningún efecto. En el caso de la gripe aviar se cayó en una alarma en base a una hipótesis, no a una realidad. El virus infectaba a las aves y se supuso que se acabaría contagiando entre humanos. Por lo que se refiere a la  nueva gripe, un titular periodístico llegó a anunciar que afectaría a 2 de cada 3 europeos, una información que partía de un informe de expertos, que determinaron diferentes escenarios y el titular hacía referencia a la peor de las hipótesis que se planteaba la comunidad científica.

Posiblemente por ello, en un primer momento, se intentó no cometer los errores del pasado, si bien en este caso, se ha acabado demostrando que la amenaza era real. Sin embargo, Pérez Oliva considera que, "la realidad era ambigua, los virólogos y especialistas han ido por detrás del virus. Este virus tiene una pequeña mutación que lo hace extremadamente contagioso, lo que lo diferencia de virus similares y, contra eso, es muy difícil luchar".

De entrada no se quería alarmar y entrar en una espiral de infodemia, pero en dos semanas el país estaba confinado, paralizado y con el virus desbocado. Así como en otras crisis los medios cometieron errores como la de ponerse en los peor de los escenarios, esta vez la realidad ha superado negativamente las expectativas iniciales, pero el comportamiento de los medios en general, ha sido mejor. En este caso, la afectación es tan grande que justifica la cobertura. "Las autoridades, los medios de comunicación y virólogos han tenido que adaptar la información a un conocimiento que variaba semana a semana" afirmó Milagros Pérez Oliva.

Consulta el vídeo de webinar


The most important thing of all

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Caring: the most important thing of all

Montserrat Busquets reflects on the ethical value of care as the principal task of the health services.

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Caring: the most important thing of all

01 April 2020

(Content published in Spanish)

Una situación tan extraordinaria como la que ha generado la pandemia del Covid19 pone de relieve muchos aspectos que, todo y estando presentes, en circunstancias habituales no se visualizan suficientemente. Este escrito reivindica el valor ético del cuidado, como tarea principal de los servicios de salud.

La aportación del cuidado, en el ámbito de la salud, es comprender que la atención a las personas cuando enferman es mucho más que tratar la enfermedad, es comprender los distintos factores, componentes y actores que forman parte de la situación. Pero en la situación generada por la pandemia de coronavirus, en la que el contagio es un gran riesgo, el tratamiento médico es incierto y el riesgo de muerte está muy presente, las exigencias del tratamiento de la enfermedad recobran protagonismo. Los profesionales pueden tener grandes dificultades en establecer las pautas para que los requerimientos de la enfermedad no hagan olvidar, o relegar a un segundo plano, el acompañamiento que precisan quienes enferman y sus familias. Por eso es importante recordar y reforzar especialmente dos de los aspectos que sitúan al cuidado como un bien social: el compromiso con el bienestar y la solidaridad. 

Compromiso con el bienestar

El cuidado siempre está focalizado en las personas y en las acciones que busquen su máximo bienestar posible. Esta idea es clave porque, a veces, hay que defenderla con firmeza, sobre todo si la sensibilidad ética de algunos está más centrada en el control de la enfermedad que en el cuidado de la persona que la padece o puede padecer. La enfermedad y la muerte son parte inherente de la vida y, por ello, si bien hay que buscar formas de alejarlas en lo posible, también hay que tratar de hallar  formas de que se experimenten de la mejor manera posible. Y ese es el objetivo del cuidado en el ámbito asistencial, en el que el fracaso no es la enfermedad o la muerte, sino la falta o escasez de ayuda frente al sufrimiento. Cuidar es reconocer a la persona como ser humano con dificultades, y por ello con necesidades que requieren, en momentos determinados  ayuda especializada, profesionalizada. Para cuidar hay que aunar el conocimiento científico, humanístico y técnico y en acciones concretas para que la persona reciba ayuda y le sea posible vivir dignamente su experiencia de enfermar y curar, estar hospitalizado y, a veces, de morir. Evidentemente la complejidad del cuidado va aumentando en función de la gravedad de la situación, pero el principio esencial es el mismo: ayudar a la persona y su familia a estar en las mejores condiciones posibles.

Nada sencillo, pero hay muestras constantes de la sensibilidad y preocupación por ofrecer un buen cuidado. Por ejemplo cuando los profesionales tratan de hacer compatible posible el aislamiento, derivado de la transmisión de la enfermedad, con la relación familiar o con seres queridos, sobre todo en las situaciones de fin de vida o de personas mayores que viven en instituciones. Cuando se preocupan por mejorar la sus competencia en el acompañamiento y en las habilidades de comunicación, a pesar de las medidas de seguridad, tal y como proponen los expertos en cuidados paliativos. O cuando aplican la tecnología como soporte usando tabletas, teléfono u ordenadores para aproximar a las personas, facilitando el contacto. O cuando reorganizan y dan seguimiento personalizado telefónico a las personas en situación de aislamiento en el domicilio porque inventar, o reinventar, sistemas de contacto con las familias es la parte esencial del cuidado en las situaciones de confinamiento.

Estos son algunos ejemplos que hablan por sí mismos de la creatividad, centrada en el cuidado, al servicio del bienestar. Las experiencias son infinitas.

Solidaridad

A pesar de que el individualismo está muy presente en nuestra sociedad, cuidar implica una responsabilidad compartida. Al reconocer que todos a lo largo de la vida damos y recibimos cuidados, que todos somos vulnerables e interdependientes, en mayor o menor medida de los demás, se desvirtúa la falacia de la persona como ser individual y surge la solidaridad como valor personal y social. Solidaridad que genera empatía y compasión permitiendo ver la situación de la otra persona desde su perspectiva y, por tanto, definir y llevar a cabo acciones de acuerdo a sus necesidades, como en los ejemplos del párrafo anterior. La solidaridad es el valor ético que contrapesa al miedo, que inevitablemente sienten los profesionales, al poner su competencia al servicio de todos, por encima de su propia salud y de la de sus familiares. Es la llamada de la solidaridad la que ha hecho que personas jubiladas y estudiantes se incorporen al servicio.

Otro aspecto importante, que da cuenta de la relevancia de la solidaridad, es que cuidar no es solo una relación entre dos personas; alguien con una necesidad y alguien con conocimientos y disposición de ayuda. Cuidar es también, y sobre todo, una cuestión relacional, de red de relaciones. Una red en la que todos los actores, comprometiéndose con el bienestar común, dibujan solidariamente su responsabilidad hacia los demás y hacia sí mismos. Una red en la que todas las personas saben y se sienten parte importante: es lo que  está sucediendo hoy en día, y no solamente en relación a los equipos de salud que trabajan multidisciplinarmente. Una lectura de las calles y comercios vacíos puede ser de tristeza y congoja, pero otra posible mirada es de alegría al ver la capacidad de las personas para saber y sentir que son parte de la solución. Quizá entre las cosas positivas que puedan derivarse de esta pandemia esté que, por fin, se comprenda que la salud no depende tan solo de lo que hacen los profesionales, sino que es realmente cosa de todos y cada uno.

El cuidado nos hace más conscientes de que no se trata del yo o del tú, sino del nosotros, de lo que somos capaces de hacer conjuntamente en una relación que se retroalimenta. Quizá eso sea, en parte, el motivo con el que miles de personas salen a los balcones todos los días y aplauden, y el motivo por el que miles de profesionales alientan a los ciudadanos al confinamiento, o el motivo por el que personas comparten sus conocimientos para mejorar la cotidianeidad y hacer más llevadero el estar en casa, o el motivo por el que se tejen redes de ayuda por ejemplo para abastecer de lo necesario a personas ancianas y/o proporcionarles algo de compañía. También el motivo de la contribución de los medios de comunicación que dan voz y reconocen a todos cuantos intervienen en hacer posible el cuidado. Comprender la experiencia en términos de cuidado genera conductas éticas de participación: las personas se congregan, se ofrecen soporte mutuo y buscan complicidades. El bien individual  esta ligado al bien común, es cosa de todos y cada uno.

El papel de de las instituciones

Por último, hay que defender con vigor la imprescindible solidaridad de las instituciones. Es una obviedad, que en los últimos tiempos y en nuestro país, parecía olvidada. Para que el cuidado sea posible debe ser promovido, alentado, facilitado, protegido y organizado de forma democrática, es decir de forma inclusiva contando con quien lo proporciona y quien lo recibe. La responsabilidad de los gestores es generar contextos en los que el cuidado sea posible. Nunca se puede estar del todo preparado para una pandemia como la que actualmente vivimos, pero si se puede analizar lo que no debe pasar. El coronavirus evidencia el efecto negativo de las políticas neoliberales, que al dejar solas a las personas frente a las dificultades de la vida, son tremendamente insolidarias. La politóloga Joan Tronto plantea que el gran reto del siglo XXI es pasar del Homo Economicus al Hominens Carens centrando la economía en el cuidado en lugar de en la producción. Esta idea cobra un sentido hoy frente a la evidencia de la importancia social de un sistema sanitario fuerte que cubra las necesidades de salud de toda la población. Hoy somos más conscientes de que la precariedad en los servicios de salud debilita a toda la sociedad y deja a los profesionales al arbitrio de su heroicidad. La falta de recursos, de medios de protección y de apoyo genera una gran injusticia respecto a quienes hoy están cuidando, respecto a quienes hoy viven situaciones de dependencia en soledad y respecto a aquellos que precisan atención por otros problemas de salud que no son la infección por coronavirus, tiempo habrá para analizar lo ocurrido.

La reflexión sobre la situación desde la perspectiva del cuidado ayuda a defender un sistema público solidario, en el que todas las personas puedan recibir los cuidados que precisan para fomentar, mantener y recuperar la salud y, cuando no es posible, morir dignamente. Un ejemplo de política pública del cuidado aplicada a la salud es la medida del gobierno portugués de regularizar la situación de personas inmigrantes dándoles acceso a los servicios de salud, y de esta forma protegiéndoles a ellos y a todos, en lo posible. Un sistema público que, precisamente porque busca la mejor atención posible, ofrece a los profesionales las posibilidades de desarrollar su trabajo en las mejores condiciones posibles y provee el acceso a los servicios a todas las personas.

En definitiva lo importante es el cuidado

Cuidar es preocuparse y ocuparse, es tomar responsabilidad, desarrollar competencia, satisfacer las necesidades y esperar recibir el mejor cuidado posible, cuando sea preciso. El cuidado supone amor, cariño, trabajo. Implica esperanza, paciencia y también cierta tolerancia a la incertidumbre. Es la presencia cuidadora, a través de la cual las personas saben y sienten que están en buenas manos. La estrategia principal es centrarse en el aquí y el ahora, porque siempre hay algo positivo que ofrecer: compañía, una sonrisa, complicidad, proximidad, personalización, ..., la preocupación y ocupación para satisfacer las necesidades básicas, la buena realización de una técnica o administración de tratamiento, ..., son las claves para minimizar la soledad y el miedo de las personas enfermas y de sus familias y allegados, el miedo de los profesionales y, en general, el miedo de todos.

En situaciones tan difíciles es extremadamente importante no desfallecer frente a las dificultades y buscar soluciones de cuidados, en cada contexto concreto, teniendo en cuenta que la exigencia ética es hacer lo posible, no lo imposible. Muchas personas, como yo, no podemos estar más orgullosos de la profesión que escogimos, en mi caso soy enfermera.

Montserrat Busquets Surribas


Covid-19: “Libertad individual vs. bien común”

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Covid-19: individual freedom versus the common good

Key points of the webinar. Video and speakers presentations.

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Covid-19: individual freedom versus the common good

14 May 2020

(Content published in Spanish)

El pasado 7 de mayo celebramos un nuevo webinar para tratar la limitación de los derechos de las personas para proteger a la colectividad durante la crisis del COVID-19. Los ciudadanos han sufrido restricciones a su libertad individual, y es previsible que se extiendan en futuros escenarios. Bonaventura Clotet, investigador y jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Germans Trias i Pujol;  Victoria Camps, filósofa, y presidenta de la Fundació Víctor Grífols; y Andreu Segura, coordinador del Grupo de Trabajo de Ética y Salud Pública de (SESPAS) participaron como ponentes en esta sesión, para debatir  sobre las cuestiones éticas vinculadas con la libertad individual en contraposición al bien común.

Bonaventura Clotet: "las medidas de confinamiento han sido necesarias pero han llegado tarde."

Bonaventura Clotet inició su intervención afirmando que, "el coronavirus sabíamos que iba a volver". Hay precedentes que indicaban que en el futuro podrían resurgir este tipo de virus de origen animal. En 2002 aparece el SARS y en 2012 el MERS. Estas dos epidemias tenían una mortalidad elevada, pero sin la contagiosidad del COVI19, una infección que con la globalización se ha distribuido muy rápidamente a todo el mundo. Por tanto, ya existían evidencias científicas que apuntaban que podían ir emergiendo nuevos coronavirus. Si en 2002  se hubieran destinado suficientes recursos a la investigación de salud animal, ya tendríamos una vacuna que tuviera en cuenta las posibles variantes del virus.

Respecto a la actual situación de la pandemia, Clotet considera que todavía falta mucho conocimiento. No está claro si el virus todavía es infectivo cuando la persona ya se ha recuperado. Analizamos las inmunoglobulinas para medir la concentración de distintos tipos de anticuerpos en la sangre, pero se desconoce lo protectoras que pueden llegar a ser.

Para Clotet es fundamental, como en todas las enfermedades, plantear el inicio del tratamiento en una fase muy inicial de la infección para abortarla y controlarla. De esta manera se evitaría la progresión. Es importante realizar estudios en fases iniciales, para analizar la eficacia de algunos tratamientos. Clotet puso como ejemplo la hidroxicloroquina o el remdesivir, un fármaco que ha demostrado su eficacia in vitro, pero que cuando se ensaya en vivo en etapas muy avanzadas tienen un impacto reducido

En esta línea Bonaventura Clotet, apuntó  el ensayo en el que está trabajando, coordinado por Oriol Mitjà, que aportará sus primeras conclusiones en 3 o 4 semanas.  La investigación ensaya con la hidroxicloroquina administrada en etapas muy iniciales, menos de 5 días de síntomas, para determinar si es eficaz para bloquear la infección. En cualquier caso, independientemente de que el fármaco que se está ensayando sea el idóneo, hay que tener claro que el objetivo es diseñar estructuras de nuevos tratamientos capaces de frenar la progresión y evitar que las personas desarrollen la respuesta inflamatoria y, por tanto, reducir la mortalidad.

Sobre las medidas de confinamiento, el científico considera que han sido necesarias pero que han llegado tarde. Si se hubieran implementado con mayor antelación, posiblemente el periodo de cuarentena hubiera sido menor y, en estos momentos, nos encontraríamos en fases más avanzadas.

Victoria Camps: "Entre libertad individual y bien común no debe haber contradicción, si media una  actitud de responsabilidad"

Victoria Camps defendió durante su exposición la idea de que entre libertad individual y bien común no debe haber contradicción, si media una  actitud de responsabilidad. Para sustentar esta afirmación referenció la tesis del filósofo John Stuart Mill, que defiende la libertad individual,  sin perder de vista el compromiso de las personas con el bien común. Mill rechaza el paternalismo del estado o de la sociedad que impone a los individuos formas de actuar con vistas a protegerlos de algún mal. Considera que nadie puede impedir a un individuo que se haga daño a sí mismo, ya que es soberano, pero sí que se puede intervenir desde el estado o colectivos públicos para prevenir el daño a otros.

Si nos referimos a la salud pública, estos dos conceptos no pueden ser antagónicos, según Camps. Se está reproduciendo algo que en bioética se conoce muy bien y que tiene que ver con el conflicto que se da muchas veces entre autonomía y beneficencia. Si nos centramos en el Covid-19 los ciudadanos deben comprometerse con respecto a un bien común, un virus que ha generado una gran incertidumbre. Tenemos claro que el bien común consiste en detener los contagios y evitar el colapso del sistema sanitario.

Esto ha llevado al confinamiento obligatorio que ha tenido una respuesta, que la filósofa considera ejemplar por parte de la  ciudadanía, que ha mostrado su compromiso y convicción para entender una situación en la que había que asumir la limitación de libertades. Camps piensa que ha habido miedo a lo desconocido,  al mismo tiempo que un sentimiento de compasión. Posiblemente, estos sentimientos de miedo y compasión son los que han influido en una  respuesta solidaria y altruista.

Por otra parte, Victoria Camps exhortó a reflexionar y plantearse si las medidas de confinamiento eran proporcionales con la amenaza del virus. Unas medidas que han venido determinadas  por decretos de alarma que nos han obligado a no salir de casa. No ha sido una decisión basada en la autonomía de la persona sino en la heteronomía. La autonomía es el reconocimiento de que debemos cumplir un deber ya que es racional. Pero en este caso, ha funcionado la  heteronomía, una imposición jurídica basada en la desconfianza, ya que si no hay coacción, la ciudadanía no cumple.

A medida que se avance en el descenso de la curva de contagios y hacia el desconfinamiento surgirán debates en base a nuevas medidas que se puedan ir implantando y que afectan a la libertad del individuo y su relación con la salud colectiva. El control de movimientos a través de aplicaciones móviles, la libertad de circulación de las personas mayores, la obligatoriedad o voluntariedad de los test, son un buen ejemplo de ello.  Hay que discutir si queremos libertad limitada que no sea contradictoria  con el espíritu de democracia. Hay que mantener la idea de que la  libertad no es contraria al bien común o a la seguridad, si es libertad responsable, que asume sus propios límites razonables.

Andreu Segura: "No ha sido el virus quien ha cerrado las empresas y nos ha mantenido en casa, hemos sido nosotros por miedo y culpa"

Andreu Segura, apunta que la situación es compleja y en lugar de aclararnos incrementamos la confusión. Es necesario saber gestionar la incertidumbre con sensatez y prudencia. A menudo la incertidumbre si interpreta como ignorancia y la ignorancia no gusta a nadie.

Segura considera que hay problemas frente a los que no tenemos solución y que no siempre es válido el "hay que hacer todo lo que se pueda y más", no es factible un sistema sanitario desmedido, ya  que es la mejor manera de condenarlo a muerte. Al concentrar todos los recursos en una sola dirección se ha dejado de atender otros problemas con mejor solución.

Sobre  las medidas,  considera que hay que plantearse si son suficientemente efectivas o si el remedio es peor que la enfermedad. Segura piensa que no habrá respuestas claras hasta dentro de un tiempo. Las efectividad de las medidas no siempre se pueden garantizar, pero sí justificar lo mejor posible y deben resultar factibles y no contradictorias. Es fundamental reconocer y cuantificar las cargas que van a conllevar, no solo en la economía, también los daños que van a generar en los próximos años en la salud de las personas, sobre todo en los colectivos más vulnerables.

Andreu Segura también planteó hasta qué punto es importante la opinión de los expertos. La ciencia busca explicaciones, lo más útil para entender o transformar la realidad. Descargar responsabilidad en expertos no es adecuado. La legitimad de tomar decisiones en nombre de todos corresponde a quienes han sido elegidos para ello. Se necesitan abordajes interdisciplinarios, además de que el conocimiento científico para ser útil, se debe coordinar y asentar.

También hay que reflexionar sobre la disposición de nuestra sociedad a adoptar restricciones de libertades que, seguramente, no se hubieran aceptado en otras circunstancias y si no hubiera mediado el miedo. Este sentimiento es necesario para sobrevivir pero hay que controlarlo, ya que bloquea y es muy contagioso.

En esta crisis, según Segura hay dos protagonistas clave: los medios de comunicación social y las autoridades sanitarias. El tratamiento de la información en general ha sido sensacionalista y con flagrantes ofensas y han jugado un papel determinante en la profusión del miedo, que además, se ha visto estimulado por determinados expertos y portavoces Por su parte, las autoridades sanitarias han actuado bajo el  interés en protegerse de las eventuales críticas que pueden cosechar sus decisiones, lo que dificulta el correcto desarrollo de sus obligaciones, que a veces incluye adoptar medidas impopulares. Para acabar Segura apuntó que, "no ha sido el virus quien ha cerrado las empresas y nos ha mantenido en casa, hemos sido nosotros por miedo y culpa".

Ya puedes ver el vídeo de la sesión aquí

Disponibles las presentaciones de Bonaventura Clotet, Victòria Camps y Andreu Segura.


Participation in document on ethical decisions in health emergencies

Participation in document on ethical decisions in health emergencies

It includes recommendations for intensive care units (ICU)

The Grifols Foundation Chair of Bioethics, working in partnership with the C3RG research group and the Chair of Palliative Care at UVIC-UCC, has helped draw up a document containing recommendations for intensive care units (ICU) with respect to difficult ethical decisions in emergency situations, such as those arising from the current COVID-19 pandemic.

 

The document, drafted by the ethics group of the Spanish Intensive Medicine Society (Semicyuc), has been approved by 18 scientific societies and other bioethics institutions. The issues it addresses include ethics in decision-making, prioritization, the principle of proportionality, and transparency, and it is designed to be a tool to assist health professionals and institutions in Spain at a time when the system is under severe stress.